la objectividad del pediodismo
la objectividad del pediodismo
odos los días los periódicos del Grupo Nación se encargan de presentarnos diversas informaciones (no sabemos si ciertas o amañadas) acerca de lo que supuestamente hace mal o no hace del todo el actual gobierno de la república. De hecho algunas partes de las mismas son ciertas, pero otras evidentemente, si analizamos un poco el mismo texto, están deformadas de manera que hagan más daño en la conciencia de los lectores, que darnos datos, hechos y apreciaciones objetivas. Es decir, pecan de un subjetivismo intencionado. Y no es que defienda o no al actual gobierno, sino que a mi parecer dicho medio se ha convertido en uno de opinión.
Entiendo perfectamente que los medios de comunicación en manos privadas deban defender sus intereses mercantiles, pero hasta cierto punto, pues al momento en que se convierten en defensores de una línea ideológico-política, pierden absolutamente la objetividad informativa, y se convierten en instrumentos oficiosos contrarios a las que la adversan. Y el daño que hacen en la población, manipulando la conciencia de los ciudadanos, lleva a consecuencias sociales a veces nefastas.
Lin Chen Yu, en un artículo de su autoría, señala que la objetividad requiere exactitud en la descripción, no perspicacia interpretativa. Algunos expertos indican que el periodista está influido por una serie de factores en la producción de noticias; sus valores y creencias, sus hábitos profesionales, la propia educación y otras circunstancias que inciden en el modo de informar.
Definiciones
El sociólogo Michael Schudson sugiere que "la creencia en la objetividad es una fe en los 'hechos', una desconfianza en los 'valores' y un compromiso con su segregación". La objetividad también perfila un rol institucional para los periodistas como un cuarto poder, un cuerpo que existe al margen del gobierno y de los grandes grupos de interés.
La objetividad periodística requiere que un periodista no esté en ningún lado de un argumento. El periodista debe informar sólo los hechos y no una actitud personal frente a los hechos. Si bien la objetividad es una noción compleja y dinámica que puede referirse a una multitud de técnicas y prácticas, generalmente se refiere a la idea de "tres conceptos distintos pero interrelacionados": veracidad, neutralidad y desapego.
La veracidad es un compromiso de informar solo información precisa y veraz, sin distorsionar ningún hecho o detalle para mejorar la historia o alinear mejor un problema con una agenda determinada. La neutralidad sugiere que las historias se informen de manera imparcial, imparcial y sin prejuicios. Bajo esta noción, los periodistas no deben ponerse del lado de ninguna de las partes involucradas y simplemente proporcionar los hechos e información relevantes de todos. La tercera idea, el desapego, se refiere al enfoque emocional del periodista. Esencialmente, los reporteros no solo deben abordar los temas de manera imparcial, sino también con una actitud desapasionada y sin emociones. A través de esta estrategia, las historias se pueden presentar de manera racional y tranquila, dejando que la audiencia tome sus decisiones sin ninguna influencia de los medios.
Historia
La noción moderna de objetividad en el periodismo se debe en gran parte al trabajo de Walter Lippmann. Lippmann fue el primero en pedir ampliamente a los periodistas que utilizaran el método científico para recopilar información. Lippmann llamó a la objetividad periodística tras los excesos del periodismo amarillo. Señaló que los amarillos en ese momento habían cumplido su propósito, pero que la gente necesitaba recibir la noticia real, y no una "versión romántica de la misma".
El término objetividad no se aplicó al trabajo periodístico hasta el siglo XX, pero emergió plenamente como principio rector en la década de 1890. Michael Schudson, entre otros académicos e historiadores de la comunicación, está de acuerdo en que la idea de la objetividad ha prevalecido en el discurso dominante entre los periodistas de los Estados Unidos desde la aparición de los periódicos modernos en la era jacksoniana de la década de 1830. Estos periódicos transformaron la prensa en medio de la democratización de la política, la expansión de una economía de mercado y la creciente autoridad de una clase media urbana emprendedora. Antes de eso, se esperaba que los periódicos estadounidenses presentaran un punto de vista partidista, no neutral.
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