¿La energía nuclear debería ser ilegal?

¿Solución o amenaza?

 

En la actualidad, el 10% de la energía que se produce en todo el mundo se genera en centrales nucleares, según la Asociación Nuclear Mundial. 

Para algunos es demasiado poco y creen que la energía nuclear podría ser la solución al cambio climático. Pero otros, como los activistas de Greenpeace, advierten de que las centrales nucleares pueden ser muy peligrosas.

La energía nuclear se consigue mediante un proceso de fisión nuclear. Se bombardean los núcleos de átomos de elementos como el uranio o el plutonio, para que se dividan en dos núcleos más pequeños.

 


Cualquier decisión tecnológica es un compromiso, y tiene un componente político. Porque en teoría se puede construir cualquier cosa, siempre que se disponga del adecuado presupuesto: el problema es ajustar la construcción y operación al dinero disponible. Y la asignación de dinero es, en última instancia, una cuestión política, de asignación de prioridades sociales. La tecnología de la producción de energía eléctrica por fisión nuclear no es, por tanto, buena ni mala en sí misma: es una opción, una posibilidad cuya elección depende de factores políticos.

Todos los métodos de producción de energía producen contaminación, desde los destrozos ecológicos muy localizados de las presas y embalses a las emisiones de CO2 y productos de combustión de las térmicas o al impacto auditivo y paisajístico de los molinos eólicos. En comparación, los residuos nucleares son sencillos de gestionar de modo que no causen daños al medio ambiente; está muy avanzada la creación de almacenamientos seguros a largo plazo en depósitos geológicamente estables, que se ha visto demorada por cuestiones políticas. Según crece la necesidad de reducir las emisiones de CO2 las alternativas capaces de generar electricidad sin emitirlo se hacen más valiosas. La relación potencia/contaminantes de las nucleares es inigualable por ningún sistema actual de producción eléctrica.

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Las energías renovables y la eficiencia energética tendrán que jugar un importante papel a la hora de asegurar los objetivos de independencia estratégica y reducción del daño medioambiental global. Pero la electricidad de origen nuclear puede, desde el estricto punto de vista de la ingeniería, ayudar mucho a cubrir estas necesidades. 

Ahora lo que hace falta es una discusión social que lleve a una decisión política para saber si un país concreto apuesta por la producción nuclear de electricidad o no. Para lo cual conviene conocer las consecuencias de optar por todas las alternativas, incluyendo la nuclear. Porque en tecnología, como en cualquier género de compromiso, cualquier decisión tiene no sólo ventajas e inconvenientes, sino consecuencias con las que hay que vivir, y riesgos que hay que afrontar. Lo que supera al estricto campo de la ingeniería, para internarse en las procelosas aguas de la política.

 

 







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